MI HORA POR TU HORA

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lunes, 16 de marzo de 2009

UN SEGUNDO MÁS

“He querido expresar en este cuento de ficción la historia de un joven que se da cuenta de que su tiempo es más valioso cuanto más siente su falta. Quizás os anime a compartir el vuestro y sintáis que hay algo que tenéis que mucha gente necesita. Para vosotros, ahí va” (Julio César Pola Alonso) Socio 234 BDT Valladolid

Me acabo de dar cuenta de que mi tiempo se acaba, se termina. Hace tiempo que mi reloj de arena me avisa de que mi destino final esta por llegar, pero mi cuerpo me avisa también de ello. Me acaban de diagnosticar una enfermedad rara y me pronostican una muerte anunciada para la que no hay cura aparente. Por eso me siento triste, aunque sigo con optimismo levantándome cada día.

Antes de saber esto, apenas apreciaba mis días, mis momentos. Luchaba con inconformismo sobre todo lo que me rodeaba, sin tener en cuenta que el momento cuenta, el segundo vale más que el oro cuando ya no se tiene, pero ahora estoy luchando en una contrarreloj sin saber si será cierto o podrá llegar algo que rete mi indefensión. Me quedan unos miles de segundos de vida y cada momento que veo es simplemente precioso.

Cuantas veces habré dicho no a un momento divertido o a una actividad de tiempo libre. Me parecía tan cómodo estar delante de una pantalla de ordenador que apenas pude comprender lo que estaba haciendo, estaba hipotecando realmente mi vida y no me atreví a tirarme a la piscina, ni a hacer aquello que realmente me llenaba.

Durante todo este tiempo, me sentí como en una encrucijada de caminos, mientras otros recorrían caminos buenos y malos, les pasaban cosas e incluso tenían experiencia en abrir y cerrar puertas, hablar con unos y otros, caminar sin volver la vista atrás. Mientras, yo apenas me movía del punto inicial. Sentía miedo, pánico por salir a experimentar. La comodidad me hacía estar bien, pero me estaba matando interiormente y lo ha conseguido.

Reconozco no haber sido persona con un semblante especialmente alegre, tal y como me hubiera gustado ser. Miles de veces me he llenado de cabreo, innecesarios, montones de malentendidos, falta de comunicación por mi soberbia, ante los que mi respuesta era dejar de lado. Pero a lo que estaba dando la espalda, era verdaderamente era al tiempo, a mí mismo, mi tiempo y el de los demás.

Ni siquiera soy viejo, pero mi mente y mi cuerpo me mienten, me siento como si tuviera ochenta años, pero soy un joven de unos veinte. Apenas me acuerdo ya de cuántos años tengo, mi memoria me comienza a fallar por culpa de esta enfermedad. Y mientras escribo estas líneas, mis piernas ya comienzan a flaquear y mis dedos se agarrotan con insistencia mientras trato de llegar al final de la frase. Ya no sé lo que escribo.

Cuento los días y sueño cada día con hacer cosas nuevas, distintas, atrayentes y con las cuales poder aportar algo a este mundo lleno de incomunicación y soledad. A todos aquellos que tenéis la suerte de tener tiempo os envidio, pero de forma sana. Me gustaría poder regalaros el mío y estar en vuestro lugar, salir a la calle, compartir aficiones, arreglar cosas, enseñar, aprender, e incluso ayudar en algo tan insignificante como una charla agradable con alguien que necesita ser escuchado. Me gustaría hacer todo eso y mucho más, pero cada día mis límites son mayores. Por eso os animo a vosotros a hacerlo.

Recordad primero a los que más tenéis cerca, no hace falta que os vayáis lejos para ayudar. Preguntar siempre si necesitan apoyo de algún tipo, quizás no os lo digan por pudor. Enseñar vuestra sonrisa a todo el momento, os animará a ver el sol entre las nubes cuando apenas haya unos rayos dispuestos a otear el horizonte y quizás logréis mejorar un poco vuestro entorno. Y sobretodo, recordad que vuestro tiempo también se acaba. Que mientras podáis compartir vuestro tiempo, podréis sentiros tan afortunados que quizás no sepáis lo privilegiados que estáis siendo. Sois ricos sin daros cuenta y lo sois cuando compartís aquello que tenéis y sabéis hacer.

Y nada, quizás mi regalo para vosotros tan sólo hayan sido estas líneas, pero quizás os anime a que seáis mejores, me conformaría con marcharme de este mundo sabiendo que hicisteis lo posible por regalar un poco de vuestro oro más preciado: vuestro tiempo. Gracias por concederme el vuestro para leer estas líneas.

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